domingo, 10 de julio de 2016

Superar un divorcio que no elegiste - Primera parte


Es como si el fundamento que pensabas que era estable e inamovible, de pronto ha dejado de serlo. Quizás habías considerado la posibilidad de que ocurriera, pero al mismo tiempo lo negabas y habías logrado ahuyentar esa idea. De hecho, veías muy difícil que te ocurriera a ti.

Sin embargo… la terrible realidad ha llamado a tu puerta. Los fantasmas indeseados se han presentado para alterar y perturbar tu orden. La verdad de la situación te muestra que hoy estás ante un divorcio que no elegiste, pero que te toca hacer frente de todas maneras. Te parece una tarea imposible, tus emociones desbordadas no te dejan ver con lucidez y piensas que ya nada vale demasiado la pena. La conmoción interna es muy intensa, como si de repente te hayan arrojado a un 
foso sombrío, negro e incierto.


Te repites una y otra vez: “¿Pero es posible que esto me haya sucedido a mí? “. Imaginas que quizás todo este mal trance es sólo un sueño, un sueño cruel, despiadado, brutal, implacable, y que en algún momento despertarás de él, y todo será como antes, y volverá la calma. Pero… no. No se puede negar por mucho tiempo aquello que demuestra sus irrefutables evidencias. No puedes ya desear despertar porque el sueño no es tal.
 La tristeza se apodera de ti, intenta cautivarte, aprisionarte. La desesperanza crece a grandes proporciones. “¿Es que tiene algún sentido seguir con la vida ahora?” La vida se te presenta ahora sin colorido, sin luz, sin sabor. La angustia y el desaliento buscan apropiarse de tu mente. Sientes que duele hasta el respirar.





Consideras que te humillaron, que te desvalorizaron como a un objeto despreciado y rechazado. Y quien hizo esto contigo fue nada menos que aquella persona con la cual compartiste y viviste tantas cosas, quien se unió contigo para traer a tus queridos hijos a este mundo. Todos estos pensamientos te llevan a experimentar mucho enojo, ira. La cólera se mete en tus venas y te enciende, te abraza con ardor. “¡Ah! Ya la vida se encargará de retribuir con saña lo que has hecho. Luego te tocará sufrir a ti. Ya lo verás”. El deseo de represalia, desquite y venganza está allí.


Y ahora te pregunto: ¿Crees realmente que quedarás para siempre en este estado de prisión e inmovilización? Y la respuesta es un claro y contundente NO. Favorablemente podrás salir de este atasco emocional. Te lo garantizo sin ninguna sombre de duda. Hablaremos de eso en la segunda parte.




No hay comentarios:

Publicar un comentario