martes, 9 de agosto de 2016

Desconfiar de nuestros pensamientos: el camino hacia la liberación mental y emocional

De los miles de pensamientos que tenemos por día, la mayoría de ellos son intrusivos, se presentan sin permiso, se imponen abruptamente, irrumpen en nuestra consciencia, sin convocarlos voluntariamente, y causando distracción. La mayor parte de ellos, aparecen de manera súbita, haciéndonos sentir mentalmente agotados, exhaustos, cargados, contaminados. Se suceden uno detrás del otro en una catarata interminable y continua, imparable, obstinada y tenaz.


La mente es una  prodigiosa herramienta que nos ha sido dada para resolver problemas, razonar, analizar, etc. Ante situaciones y exigencias que así lo requieran, el uso que podemos hacer de este maravilloso instrumento es de inestimable valor. Pero ella parece tomar autonomía y vida propia, generando más pensamientos de los necesarios, desatando un torrente omnipresente que no deja de resonar en nuestra cabeza.
Como mencioné en una publicación anterior, los pensamientos  nos quitan del momento presente en el que nos encontramos, llevándonos a eventos y momentos pasados, trayendo recuerdos de un tiempo que ya no existe y que, por tanto, no es real. Revivir el pasado en el tiempo presente es absurdo e incomprensible, un auténtico disparate. Sin embargo, eso es lo que logra la desenfrenada actividad mental. Cambiar lo que no existe por la vida presente y valiosa no es ganancia desde ningún punto de vista. Al contrario, sólo es pérdida, insensatez, angustia, depresión y sufrimiento.


Pero transportarnos al pasado no es lo único que hacen los pensamientos. También se empeñan en enviarnos al tiempo futuro, imaginando sucesos y acontecimientos que tampoco son reales. Aunque imaginadas, estas situaciones se nos presentan como temibles, implacables y poderosas, provocando sentimientos de impotencia e indefensión. El futuro se levanta amenazante, haciéndonos creer que las cosas serán inmanejables y terribles, cargadas de derrota y oscuridad. La ansiedad se hace presente con su fuerte carga de intimidación. Aquí, de nuevo, quedamos atrapados por algo que no existe, un fantasma, una construcción de nuestra mente. Lo que no sucedió no es verdad ni real en absoluto. Es únicamente imaginación.

Algo de suma importancia para tener en cuenta: el mayor problema es cuando nos identificamos con nuestros pensamientos, creyendo que lo que pensamos es verdad. Pero los pensamientos no constituyen ninguna realidad. Esto, que parece tan obvio, no es tenido en cuenta por una inmensa mayoría de personas. De lo contrario, no surgirían los estados emocionales  de depresión, ansiedad, temor, ira, culpa, vergüenza, celos. Estas emociones nos invaden cuando creemos que lo que pensamos es realidad. De aquí se desprende que es indispensable hacer un cuestionamiento de los pensamientos. Es preciso que los desafiemos, que los pongamos en tela de juicio, que los contrastemos con la realidad objetiva, que no nos creamos lo que dicen. En resumen, no los debemos tomar en serio. SI podemos llegar a reírnos de esta fabricación mental, tanto mejor.



Los pensamientos son tan poderosos que son capaces de crear nuestra realidad que, aunque subjetiva, se nos muestra como objetiva. Pero, ¡cuidado! No caigamos en su trampa. Cada vez que emerjan en nuestra cabeza, mirémoslos como si fuésemos observadores externos. Objetivemos nuestros pensamientos. Transformémoslos en objetos y no nos quedemos pegados ni identificados con ellos. Recuerda: No somos nuestros pensamientos. Ellos son un producto artificial de la mente y no tienen existencia real. Ergo, mirémoslos con desconfianza, sin creer en lo que intentan que creamos.
Hacer una higiene mental y  liberarse de los propios pensamientos es imprescindible para llegar a experimentar un estado interno de paz y liberación. Si estás dispuesto a comprometerte con tu bienestar emocional, acepta el desafío con resolución, diciendo: “Pensamientos, ¡basta!”.
Ps. Alberto Carmona

No hay comentarios:

Publicar un comentario