Ayudo a las personas a poder identificar y cambiar pensamientos, emociones y comportamientos erróneos, para liberarse del sufrimiento.
sábado, 27 de agosto de 2016
sábado, 20 de agosto de 2016
viernes, 19 de agosto de 2016
martes, 16 de agosto de 2016
Fijados a la vida, la clave para dejar de pensar
En el anterior artículo mencioné la expresión “higiene mental”. Comprender esto es
básico si queremos soltarnos de la cautividad de nuestros pensamientos. Porque,
así como cada día nos dedicamos a higienizar nuestro cuerpo, bañándonos o
cepillándonos los dientes, de la misma manera es imperioso que nos apliquemos a
la limpieza de nuestra mente, la
cual llega a contaminarse y a enturbiarse cuando permitimos que miles de
pensamientos nos bombardeen de manera implacable, quedando emocionalmente
cargados, agobiados y alterados.
¿Y de qué manera podemos efectuar la tarea de despejar y desobstruir la mente? Antes
de responder a esta pregunta, es necesario recordar que los pensamientos se
alimentan de la dimensión temporal. El tiempo subjetivo o psicológico es lo que
permite su despliegue. Los pensamientos te harán recordar eventos pasados, o te
proyectarán al futuro imaginado. Pero, lo que no pueden hacer es coexistir con
el momento actual. El “aquí y ahora” y
los pensamientos se excluyen entre sí. No hay manera de que se entiendan.
Ergo, cuando nos encontramos sumergidos en el movimiento frenético de nuestra
mente, la distracción logra que no estemos prestando atención al ahora y a
nuestro entorno. Antagónicamente, si estamos totalmente presentes y conscientes
de lo que nos rodea, el ruido de la mente empieza a reducirse para, finalmente,
desaparecer. He ahí, entonces, la clave para vernos libres de tantos
pensamientos indeseables: estar
íntegramente afianzados y fijados en este momento presente. Esto es de una
importancia mayúscula.
Habiendo examinado esto, la siguiente pregunta que nos es
preciso hacer es: ¿De qué manera podemos estar conscientes y presentes? Una
forma de lograrlo quizás parezca muy sencilla. Pero es evidente que la tenemos
muy descuidada y casi perdida. Dicho de forma simple, consiste en utilizar intencional y activamente,
nuestros cinco órganos sensoriales. Sí, necesitamos hacer uso consciente de
la vista, la audición, el tacto, el olfato y el gusto. Sabemos que nuestros
sentidos nos permiten percibir los estímulos del medio externo y obtener
información de éste. Utilizarlos, pues, se vuelve irreemplazable para estar
fijados al aquí y ahora.
Esto lo podemos conseguir de mil modos diferentes,
dependiendo del contexto en que nos encontremos en cada situación. Si vamos
caminando por la calle, nuestros pensamientos se detendrán en el momento en que
decidamos de manera activa escuchar los sonidos que nos rodean, percibiendo,
por ejemplo, el rumor de los motores de los autos que pasan, el canto de los
pájaros en los árboles, las voces de las personas, etc. Enfoquemos la atención
en las formas, tamaños y colores de los objetos que vemos, como así también en
el color de la ropa de la gente que pasa. Sintamos el viento en la piel de
nuestra cara, el calor del sol que abraza nuestra piel, el contacto con algún
objeto que llevemos en nuestras manos. Apreciemos los aromas que encontremos en
el camino: flores, comida o lo que sea.
Al estar en nuestra casa, en el silencio de la noche,
estemos atentos a los sonidos que nos llegan de la calle, como el ladrido de
algún perro a la distancia o una sirena de ambulancia. Al bañarnos,
experimentemos el aroma del jabón, el contacto con el agua y el sonido que
produce al caer. En el momento de comer, detengamos el flujo de pensamientos,
degustando plenamente el sabor de la comida, aspiremos lo sabroso que huele,
disfrutando de cada bocado con total consciencia.
En definitiva, se trata de que en las situaciones en que
nos encontremos, estemos presentes de
manera absoluta y entera, siendo conscientes de que la única vida es ésta que se está desenvolviendo a nuestro alrededor.
¿Desperdiciaremos lo único que tenemos, dejando que la mente y sus pensamientos
negativos, nos arranquen de la vida? Es urgente que nos demos cuenta que la vida es este momento en el que nos
encontramos ahora. Entendamos que no hay nada más valioso y hermoso que
este instante siempre presente, el cual es continuo y atemporal. Los
pensamientos no son nada. La vida lo es todo.
Psicólogo Alberto Carmona
martes, 9 de agosto de 2016
Desconfiar de nuestros pensamientos: el camino hacia la liberación mental y emocional
De los miles de pensamientos que tenemos por día, la
mayoría de ellos son intrusivos, se presentan sin permiso, se imponen
abruptamente, irrumpen en nuestra consciencia, sin convocarlos voluntariamente,
y causando distracción. La mayor parte de ellos, aparecen de manera súbita,
haciéndonos sentir mentalmente agotados, exhaustos, cargados, contaminados. Se
suceden uno detrás del otro en una catarata interminable y continua, imparable,
obstinada y tenaz.
La mente es una
prodigiosa herramienta que nos ha sido dada para resolver problemas,
razonar, analizar, etc. Ante situaciones y exigencias que así lo requieran, el
uso que podemos hacer de este maravilloso instrumento es de inestimable valor.
Pero ella parece tomar autonomía y vida propia, generando más pensamientos de
los necesarios, desatando un torrente omnipresente que no deja de resonar en
nuestra cabeza.
Como mencioné en una publicación anterior, los pensamientos nos quitan del momento presente en el que nos
encontramos, llevándonos a eventos y momentos pasados, trayendo recuerdos
de un tiempo que ya no existe y que, por tanto, no es real. Revivir el pasado
en el tiempo presente es absurdo e incomprensible, un auténtico disparate. Sin
embargo, eso es lo que logra la desenfrenada actividad mental. Cambiar lo que
no existe por la vida presente y valiosa no es ganancia desde ningún punto de
vista. Al contrario, sólo es pérdida, insensatez, angustia, depresión y
sufrimiento.
Pero transportarnos al pasado no es lo único que hacen
los pensamientos. También se empeñan en enviarnos al tiempo futuro, imaginando
sucesos y acontecimientos que tampoco son reales. Aunque imaginadas, estas
situaciones se nos presentan como temibles, implacables y poderosas, provocando
sentimientos de impotencia e indefensión. El futuro se levanta amenazante,
haciéndonos creer que las cosas serán inmanejables y terribles, cargadas de
derrota y oscuridad. La ansiedad se hace presente con su fuerte carga de
intimidación. Aquí, de nuevo, quedamos
atrapados por algo que no existe, un fantasma, una construcción de nuestra
mente. Lo que no sucedió no es verdad ni real en absoluto. Es únicamente
imaginación.
Algo de suma importancia para tener en cuenta: el mayor problema es cuando nos identificamos
con nuestros pensamientos, creyendo que lo que pensamos es verdad. Pero los
pensamientos no constituyen ninguna realidad. Esto, que parece tan obvio, no es
tenido en cuenta por una inmensa mayoría de personas. De lo contrario, no surgirían
los estados emocionales de depresión,
ansiedad, temor, ira, culpa, vergüenza, celos. Estas emociones nos invaden
cuando creemos que lo que pensamos es realidad. De aquí se desprende que es indispensable hacer un cuestionamiento
de los pensamientos. Es preciso que los desafiemos, que los pongamos en
tela de juicio, que los contrastemos con la realidad objetiva, que no nos
creamos lo que dicen. En resumen, no los
debemos tomar en serio. SI podemos llegar a reírnos de esta fabricación
mental, tanto mejor.
Los pensamientos son tan poderosos que son capaces de
crear nuestra realidad que, aunque subjetiva, se nos muestra como objetiva.
Pero, ¡cuidado! No caigamos en su trampa. Cada vez que emerjan en nuestra
cabeza, mirémoslos como si fuésemos observadores externos. Objetivemos nuestros
pensamientos. Transformémoslos en objetos y no nos quedemos pegados ni
identificados con ellos. Recuerda: No
somos nuestros pensamientos. Ellos son un producto artificial de la mente y
no tienen existencia real. Ergo, mirémoslos con desconfianza, sin creer en lo
que intentan que creamos.
Hacer una higiene mental y liberarse de los propios pensamientos es
imprescindible para llegar a experimentar un estado interno de paz y
liberación. Si estás dispuesto a comprometerte con tu bienestar emocional,
acepta el desafío con resolución, diciendo: “Pensamientos, ¡basta!”.
Ps. Alberto Carmona
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